Luigi - 15-09-2009 12:18:33 | Categoria:
Muy anecdótico
Alguien quemaba incienso de semana santa sevillana.Se mantenía tieso como un palo sobre su cabeza, en perfecto equilibrio. La barriga le colgaba y los huevos y la polla le abultaban los calzoncillos. Tenía los bíceps desarrollados y tensos y su respiración era acompasada. Era fuerte y de espaldas anchas, entre otras cosas porque era fanático entusiasta de los extensores de tórax. Estaba tan orgullosos de su tórax como el vecino de Luigi de su moto. Al primer rayo de sol, no dudaba un momento en quitarse la camiseta y se apresuraba a salir a pedalear con su extraña bicicleta. Le gustaba fumar.
Él le pasó el porro a Luigi. Le dio una calada y se lo devolvió, pero se echó la ceniza por la pechera de la camiseta, con lo que consiguió, una vez más, la marca de un diseño que sólo logran identificar aquellas personas habituadas al olvido por motivo del consumo de ciertas sustancias. Estaba tan nervioso y tan mareado que se puso de pie enseguida.
- ¿Qué?, ¿qué es lo que te pasa?
- ¡Tengo que ir inmediatamente al lavabo!
Luigi bajó la escalera de mano a todo correr. No podía aguantarse ni un segundo más. Aquello podía explotar en cualquier momento. En el cuarto de baño había cuadros enmarcados que anunciaban obras de Lanceta. Había rollos de papel higiénico con dibujos orientales y de una suavidad que jamás su culo o su polla habían experimentado. Había también un bidé y unas braguitas que asomaban de él. Aquello no tenía aparente aplicación sexual. Se imaginó de quién serían y le recordaron a la chica rubia con la que compartió algo apenas dos días atrás. Mientras estaba allí sentado, observándolo todo con los pantalones bajados, Luigi tuvo una revelación extraordinaria. Por primea vez en su vida lo vio todo con tanta claridad, tanto el presente como lo que quería hacer en el futuro. Viviría siempre igual de intensamente: misticismos, amigos y amigas, alcohol, sexo a manta y drogas. Era la primera vez que lo veía así y ya no deseaba otra cosa.
La puerta hacia el futuro se acababa de abrir: sabía el camino que quería seguir. En lo sexual esto se traduce en que es fundamental tener una buena cultura del sexo.
Anotación por Luigi a las
12:18:33
|
Comentarios (5)
Guardado en la categoría
Muy anecdótico
|
Referencias (0)
Luigi - 20-07-2009 17:42:43 | Categoria:
Muy anecdótico
En apenas unas horas estaban en la cama. Y descubrió que cada cuerpo es un nuevo mapa: uno empieza moviéndose con torpeza, y descubrirlo es parte de la emoción.Luigi ha dormido apenas unas horas, pero ha merecido la pena. Aquella chica o aquella mujer que aparentaba horas de misa resultó ser una de las mejores experiencias sexuales de su vida. Hubo vino tinto entre medias, champán, cava, fresas con nata e incluso caviar al despertar. La silueta de esa chica se amoldó en apenas media hora a los espacios del apartamento de Luigi. La adolescencia daba paso a la madurez, y juntos parecían esas parejas en los inicios de la sexualidad. Apenas hablaban porque no había nada de que hablar. Sólo sexo, caricias, besos, deslizamientos en el suelo, baño, cocina, y descansillo de la escalera. Él bajaba más de la cuenta y ella subía de vez en cuando para hacer un ensamblaje perfecto de esos que ni la NASA ha conseguido en sus experiencias espaciales. Su cuerpo se movía porque necesitaba moverse. Los gemidos hacían que todo eso se multiplicase por diez. Eran capaces de seguir y seguir y sólo paraban para reanudar aquello que no tenía que haberse terminado jamás. Dos noches, tres noches, dos horas. Miradas y vuelta a empezar. Dos días, dos horas, dos noches. Seguir y seguir.
El psicólogo de Luigi lo ha vuelto a llamar con preocupación. No debes volver a ese estado de anormalidad. Has vuelto a perder aquello que compramos anoche. Recuerda que lo guardaste en el bolsillo del pantalón. Sí, sí, lo recuerdo, respondió Luigi mientras seguía y seguía buscando por toda la casa.
Son las ocho de la mañana de un domingo extraño por la soledad de las ánimas. Lo primero que Luigi ha hecho ha sido comprar el periódico dominical para ver la sección de sucesos. Tiendas y quioscos cerrados. Poca gente en las calles y sólo un par de ardientes mujeres caminan dirección a ninguna parte. Se miran. Se fijan. Se sonríen. Tontean con las miradas. Se paran. Se tocan. Se miran y se vuelven a mirar. Las mallas que llevan permiten a Luigi verificar que no llevan tanga. Sólo hay tiempo para preguntar por la calle de Enmedio, o eso es lo que Luigi entiende de ese spanish que balbucean Andrea y Virginia, nombres que ellas mismas sugieren al finalizar la siguiente pregunta referida a la ubicación de algún servicio público cercano. Los bares están cerrados y la casa de Luigi quedaba a unos metros de distancia. No hizo falta volver a decir nada porque las miadas lo insinuaron todo. Menos mal que las sábanas las acabada de cambiar. Un trío a las nueve menos cuarto de la mañana hizo que aquel día fuese de los que siempre gusta recordar, y por supuesto repetir todos los días y a todas horas. Fue así como descubrió otra lección inolvidable, esa en la que desentierras unos cuantos tesoros y los vuelves a enterrar, para jugar a la búsqueda, una vez más, al ritmo que toque la banda: escuchar el tempo, la música que vibra en el cuerpo de cada persona. Y si en lugar de una persona son más, la partitura se complica. Formar parte de una big band, decía su amigo Miguel, puede resultar una experiencia gloriosa.
El nivel de exigencia se había convertido en algo habitual en las relaciones que aquel chico mantenía. Ya no bastaban esas posturas de antaño y aquellas experiencias de la piel como centro de la relación erótica y amorosa, del placer, de la ternura y el contacto con uno mismo y los demás. Necesitaba de consejos de conocidos, como el de su amiga “Ana Pop” sobre los libros de Michel Houellebecq. Necesitaba películas en las que poder tomar algún ejemplo e intentar que ellas llegasen también a esa multiorgasmia que tantas veces había visto en las actrices. Dados y cadenas como las que Fito y Edu le regalaron se habían convertido en útiles instrumentos, porque ya no quedaba duda que una sexualidad palpitante le reportaba tremendos beneficios para el cuerpo y el espíritu. Juegos excitantes que le estaban cambiando la vida. La postura del misionero (le missionaire) había dado paso a otras que tenían un éxito tremendo como la batidora (le batteur), la rueda de la fortuna (la roue de la fortune), la jirafa (la girafe), el columpio (la bascule), el manantial (la source), la gruta flotante (la gotte flottante) y la danza de los caracoles (la danse des escargots).
En las últimas semanas el empeño de Luigi es encontrar esa chica que también quiera disfrutar de el placer divino (il placere divino), el horizonte (L’Orizzonte), la balanza (la bilancia), la galga (la cagna), la gran V (la grande V), la aspiradora (L’Aspiratore) y el equilibrio (L’Equilibrio).
Quizá en “la velá”. Nos vemos.
Anotación por Luigi a las
17:42:43
|
Comentarios (7)
Guardado en la categoría
Muy anecdótico
|
Referencias (0)
Luigi - 24-05-2009 11:56:02 | Categoria:
Muy anecdótico
Ni siquiera ahora controlaba lo controlable
Luigi ha vuelto a la anterior vida en la que aquella “burbuja” de soledad intelectual no dejaba de perseguirle. Día tras día permanece sentado, ya no sólo frente al ordenador, sobre todo rodeado de libros, papeles, periódicos, libretas, y un largo etcétera que incluso podría incluir todas las fotografías de mujeres a las que ha querido.
El día se hace cada vez más largo, o por lo menos Luigi vive despierto cada vez más horas. Las seis de la mañana y la mente empieza a deambular por cosas que antes ni siquiera prestaba atención: historias de adolescente, bollycaos, parchís, regalís, Merton, Marx, Weber, Cooley, y un largo etcétera que le es imposible recordar mientras saborea otra cerveza más aderezada de verdes y negras aceitunas.
Por favor, repite en voz baja. Por favor, repite en voz alta mientras espera un instante a que se apague el maldito teléfono. Sale al balcón y grita desesperadamente: ¿y dónde están esos sueños mojados de antaño que procedían de noches de cama y mucho vino tinto?
Luigi decide abrir otra cerveza mientras piensa que no sabe si podrá resistir a esta situación, a todo lo que el día le exige. Luigi ya no es capaz de distinguir si su cuerpo se comporta de manera funcional. Más bien piensa que cada vez se asemeja a comportamientos más disfuncionales. Se mira la “colilla”; está triste. Necesita resguardarse una vez más, necesita ser acariciada y querida; necesita conocer a más personas. Luigi ni siquiera comprende si sus actos son actos sociales, mayoritariamente, o son biológicamente adoptados. Luigi no entiende nada de esto, pero tampoco entiende por qué ya ni siquiera puede dominar esos impulsos asexuados.
No hay sexo desde hace más de un mes, ¿o más? Esas chicas de antes ni siquiera mantienen sus miradas dulces y provocativas, ahora intentan alejarse cada día más de él.
En relación a ello sólo existe una explicación: es domingo veinticuatro de mayo de 2009.
Anotación por Luigi a las
11:56:02
|
Comentarios (7)
Guardado en la categoría
Muy anecdótico
|
Referencias (0)
Luigi - 24-04-2009 13:12:22 | Categoria:
Muy anecdótico
No fueron en los inicios de aquellas relaciones sexuales
Había algo que Luigi no lograba superar por más empeño que ponía, por más ahínco que ponía cuando aparecía desnudo ante una mujer, o más bien cuando ella, o ellas, hacían gestos que él no llegaba a comprender con exactitud.
Fue Manrique, el tito Manri(que), el que asumió el papel de “profesor” del arte de lo que todo eso podría suponer, tanto para Luigi como, especialmente, para ella, o para ellas. Profesor y educador del arte, de ese arte "sexual" que tan apagado estaba por aquella época.
Después de esos acertados consejos y su primera actuación, Luigi realiza selección, adecuación al momento específico, pues cada situación es un mundo que hay que valorar con detenimiento. Es difícil recordar las veces, pero sí que se han producido selecciones, y erecciones por supuesto. ¿Esas selecciones podrían ser unas cincuenta o cien aproximadamente? Ni mucho menos.
Luigi aparecía en demasiadas ocasiones aturdido, desesperazo por no llegar a alcanzar el punto álgido de la situación, aquel nivel al que su amigo “Shandy” tantas veces había llegado, tocado, acariciado y, en definitiva, disfrutado. Era “Moncho” el que no paraba de gemir, de vociferar mientras bajaba a tocar con sus labios aquel misterioso secreto que compartía con su chica. Ella no paraba de disfrutar, porque era consciente de que sólo él sabía saborear aquel dulce jugo de mujer. Mientras tanto, “Maestrito” aparecía camino a la habitación de aquel desangelado hotel. La mujer que le acompañaba sabía que, un día más, el tigretón volvería a la selva, a descubrir una vez más el lado más explorador que tenía. Ella lo sabía, y sabía que, una vez más, estaba en lo cierto de que aquello sólo podría hacerlo tan bien su “Maestrito”. Y, al final, a lo lejos, a modo de pistolero del oeste, Willy salía desenfundando su pistola. No habían pasado unos segundos cuando, de nuevo, aquella voz de mujer volvía a repetir que volviese porque necesitaba repetir esa experiencia. Necesitaba que no dejase de lamer, repasar, chupar y besar como sólo él sabía, y ella lo necesitaba. Jotse también quiso desenfundar, pero temía que volviese a disparar con tanta euforia como la última ocasión. Aquel día lo que falló fue la puntería.
Luigi pensaba que la cuestión no era tanto la de contabilizar los casos, pero sí la de manifestar que todo el empeño, llegado el momento, está puesto y seguirá puesto en ella, en ellas. Toda una atención que requiere ante todo delicadeza. Basta una mirada que supere el tan apreciado “monte de gozo” para saber que aquello va bien, qué funciona, que puedes seguir un rato más, hasta que un pequeño o un gran gemido diga que aquello ha terminado, por el momento, claro está. Son ellas, o ella, las que en muchas ocasiones te guían: cuidado, más despacio, no pares… ¡qué bruto eres!, palabras que, por supuesto, se agradecen. Palabras que siempre que salen de aquellas voces son dignas de apreciar y de interiorizar. Palabras que, en muchas ocasiones, siguen deambulando en muchos de los sueños de Luigi.
Dejaremos para otra ocasión el sexo anal, considerado tabú para muchos y muchas y placer para menos, aunque no dejaremos de aportar ahora algunas consideraciones dirigidas a las personas que tengan la suerte de tener alguna relación sexual durante los próximos días. Muchas personas coinciden en que es fantástico, otras ni se lo plantean. Sin embargo, la búsqueda de placer (en cualquiera de nuestros orificios) es un derecho de todos y de todas. Resulta poco afortunado encorsetar y limitar las maneras de expresión de la sexualidad. No hay mejor sexualidad que la que cada cual quiera vivir y expresar según sus gustos y deseos. Mientras pervive instalado como tabú, el prejuicio impide descubrir el parque de atracciones que llevamos dentro. Tacto, delicadeza, cariño y respeto son el tique de entrada a la diversión que proporciona el sexo anal.
Anotación por Luigi a las
13:12:22
|
Comentarios (4)
Guardado en la categoría
Muy anecdótico
|
Referencias (0)
Mucha gente prefiere poner en entredicho su propio juicio antes que enfrentarse a todos los demásLas investigaciones pioneras de Solomon Asch (1952) demostraron que un grupo social puede determinar la conducta de las personas. Asch reclutó a una serie de estudiantes que supuestamente deberían participar en unos experimentos de percepción visual. Antes de iniciar los experimentos, todos os miembros de cada grupo, excepto uno, fueron informados de la verdadera naturaleza del experimento, que consistía en medir el impacto de la presión del grupo sobre las respuestas de los individuos. El experimento consistía en repartir dos tarjetas a los estudiantes. En una tarjeta aparecía una línea recta de una longitud determinada (véase figura 1), y en la otra aparecían tres líneas de longitudes distintas.
Se preguntaba a los estudiantes, que debían responder en voz alta uno detrás de otro, qué línea en la segunda tarjeta era igual a la de la primera tarjeta. Si miramos la figura 1 la respuesta correcta es la respuesta A. En los primeros ensayos todo el mundo dio la respuesta correcta. Pero en ensayos sucesivos, cuando los cómplices de Asch empezaron a dar la misma respuesta equivocada, podía verse cómo el estudiante que hacía de “conejillo de indias” empezaba a sentirse incómodo en su asiento y a mostrar nerviosismo.
El hecho es que en un tercio de los ensayos, y a pesar de que era evidente que el resto de los estudiantes estaban dando la respuesta incorrecta, los estudiantes que actuaban como “conejillos de indias” también dieron la respuesta equivocada. As investigaciones de Asch mostraron de esta manera que mucha gente prefiere poner en entredicho su propio juicio antes que enfrentarse a todos los demás, incluso cuando no se conoce a esas otras personas.
¿En cuántas ocasiones en nuestra vida diaria tomamos las mismas decisiones a fin de no ser rechazados por los demás o de evitar situaciones incómodas?
